¡ Chapeau, Virgil !

 

Disculpándose por su español olvidado, Brill avanza conceptos sobre sus obras de antes y ahora.

 

 

Virgil Brill: « Me permito todo lo que quiero para que la imagen sea la que tengo en la cabeza »

Llegado al país para el Festival de la Luz que se celebra en más de media Argentina, el notable fotógrafo artístico Virgil Brill conversó con Ñ digital después de su charla ayer en la Alianza Francesa porteña. Estuvimos también en su exposición en Recoleta y te la mostramos.

 

Con su pelo largo y ondulado que recuerda un autorretrato de Leonardo da Vinci, Virgil Brill junta fuerzas y se anima a retomar el español que aprendió y dejó hace muchos años, para favorecer la comprensión del mayor número posible de quienes escuchen aquí sus respuestas en video.

 

Durante la charla en el auditorio de la Alianza Francesa de Buenos Aires había hablado en su idioma natal, con traducción simultánea:

 

—Para mí el crepúsculo no es el final de nada —dijo entonces en voz baja y grave este maestro absoluto de luces, sombras y tonos bajos muy al filo de la navaja, contestando una pregunta de alguien del público —. Creo que la llegada de la noche es el comienzo de todo un mundo.

 

Antes se había referido extensamente a sus fotos mientras las proyectaba ampliadas en una pantalla. A unas cuantas cuadras de allí, apenas entrando al Centro Cultural Recoleta, la espaciosa sala 12 alberga imágenes estupendas de su muestra Las sombras, el tiempo y también el viento, que en Argentina sólo se exhibe allí, hasta el 29 de agosto. Mientras tanto, gran cantidad de exposiciones oficiales de esta edición XVI de Encuentros Abiertos Festival de la Luz tienen lugar en todas las provincias del país, con excepción de cuatro que incluyen Malvinas—, además de numerosas sedes de Buenos Aires ciudad.

 

Trabajos de varios metros de ancho cohabitan en esa sala 12 con obras de escasos centímetros  » Siempre la silueta humana en su quintaesencia, liberada de toda anécdota —escribió Brill sobre estas ‘Nuevas migraciones’ suyas—. Ser allí en el mundo, estar allí en marcha o inmóvil (pero el mundo, él, está siempre en marcha) y nuestros hermanos humanos, los santos y los asesinos, comparten (ruido y furor, silencio y canción del viento) la misma condición: cósmica – biológica – metafísica. »

 

Y concluye: « Estas imágenes se quieren lugares de silencio donde se escucha: el flujo del tiempo, el cosmos y nosotros mismos. » Todo recurso vale, lo confiesa, para que así sea.

 

ROMAN GARCIA AZCARATE